A 40 años del Golpe: “Ah no sé, yo no lo viví”.

ImagenEste escrito nace a raíz de la indignación que me genera la gente que dice: “Ah no sé, yo no viví la Dictadura” o “¿Cómo tú puedes hablar de eso si no lo viviste?”, y las infinitas variantes de esas frases completamente estultas por donde se las mire. Ahora, ¿Cómo que no viví la Dictadura?, está claro que no me torturó la DINA o la CNI porque tengo 24 años, pero desde que tengo un poco de consciencia de clase (que se me despertó como a los 12), sé que Pinochet y Jaimito Guzmán están más presentes que la chucha en lo que ha sido mi corta vida.

 A mis tiernos 16 participando de la toma de mi Liceo aprendí lo que nadie te explica en el colegio (y en mi caso, ni siquiera en la casa): Por ejemplo, que la LOCE se había decretado en los últimos días del Dictador como diciendo: “Con esta si que los amarro CTM”, que en el fondo, la Ley que normaba la educación chilena había sido gestada en ese tiempo,  y que parte de las penurias que vivíamos en la educación pública (que  eran y siguen siendo hartas) tenían que ver con ese documento. Recién ahí la desigualdad se hizo carne para mí, caché que era eso lo que nos había tocado vivir a mis compañeras y a mi. Ahí se me vino encima la historia de Jazmín que era una leyenda en el Liceo de Niñas porque había logrado llegar a la Universidad. En este contexto, me dí cuenta de que puta que era un logro esa hueá y de pasada pensé: ¡Todo calza!, esto ha sido un trabajo de joyería, pues, precisamente la recordamos porque es la excepción a la regla. Ante eso no podíamos agachar el moño.

En resumen, todo lo que mis compañeras y yo experimentábamos  apuntaba a lo que había hecho del país la Junta Militar con el cerebro de Guzmán a la cabeza hace treinta años atrás. Insisto, vivo las consecuencias de la Dictadura -y de los años de Concertación que han profundizado ese mal- hasta los días de hoy cuando debo una millonada (no expondré la cifra porque me da urticaria) por haber entrado a la U. De los 16 a la actualidad sigo saliendo a protestar, sigo mamándome las  lacrimógenas, sigo aprentando cuéa de los pacos, y sigo pensando que si hubiera vivido en los setentas estaría bajo tierra.

Empatía es la única palabra que tengo para las familias de lxs que murieron en consecuencia a su compromiso político. Y me surge una rabia paría  hacia los golpistas,  milicos varios y amantes de Pinocho, que no me mataron parientes, pero aún así,  no perdono ni cagando.

Srta. Gé

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